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A veces, las mejores ideas no nacen en una oficina.
Nacen de una necesidad vital, íntima, casi silenciosa.
La de bajar un poco el ritmo, sentirse mejor, recuperar el control sobre la propia energía.
Es exactamente lo que vivió Alex, el fundador de Matcha Matcha.
Antes de crear esta marca, no tenía previsto cambiarlo todo. Solo quería estar mejor.
Y ese deseo tan sencillo lo llevó a Japón, y después a transformar su día a día, y hoy el de miles de personas.
Esta es la historia de Matcha Matcha, año tras año.
Por aquel entonces, Alex trabaja en una gran empresa. Encadena semanas llenas, proyectos ambiciosos, jornadas interminables.
El café se ha convertido en una muleta: tres o cuatro tazas al día para aguantar.
Pero detrás de esa rutina "eficaz", la realidad es mucho más frágil:
Un día, en mitad de una tarde cualquiera, el cuerpo cede un poco más fuerte de lo habitual.
Sin accidente, sin drama. Solo un hartazgo interior que dice:
"Así ya no se puede vivir."
Ese día, Alex no toma una gran decisión.
Compra un billete.
Destino: Japón.
Desde la adolescencia le fascina ese país: su cultura de la precisión, su relación con el tiempo, la elegancia de los gestos sencillos. Siempre se había dicho que iría "algún día", sin encontrar nunca el momento.
Ese día no es solo una pausa: es un regreso a una curiosidad enterrada, las ganas de entender cómo vivir de otra manera, más tranquila. Todavía no sabe qué va a encontrar, pero siente que no puede seguir como antes.
Allí, Alex no tiene ningún plan. Solo busca entender cómo vivir de otra manera.
Es en el sur del país, en la región de Kagoshima, donde empieza a sentir algo distinto.
Allí, entre colinas cubiertas de plantas de té y pueblos todavía anclados en sus tradiciones, descubre un ritmo radicalmente diferente.
Un día lo invitan a participar en una ceremonia del té.
Se prepara un polvo verde, en un silencio casi sagrado.
El gesto es lento.
El batidor de bambú gira en el agua caliente.
El bol se sirve con las dos manos.
Y llega el primer sorbo…
El sabor es puro, vegetal, suave.
Pero no es eso lo que impacta a Alex.
Lo que siente es una energía nueva: sin pico, sin agitación, pero con una estabilidad poco común.
Todavía no conoce todos los secretos de esta bebida.
Pero sabe una cosa:
Acaba de descubrir otra relación con la energía. Y ya no podrá volver atrás.
Así que alarga su viaje.
Se adentra en las montañas, visita fincas, habla con los productores.
Prueba. Observa. Aprende.
El matcha es un arte.
Un trabajo paciente.
Un equilibrio entre suelo, sombreado, clima, recolección, muela y mano humana.
De vuelta en Francia, Alex no suelta lo que sintió allí.
Durante un año trabaja en la sombra para recrear esa experiencia, con exigencia y respeto.
Vuelve varias veces a Japón.
Recorre las plantaciones de Uji, Kioto, Shizuoka, Yame y de nuevo Kagoshima.
Conoce a más de una decena de productores. Algunos producen a gran escala, otros para casas de té reconocidas.
Pero él busca otra cosa: finura, constancia, transparencia.
Tras muchísimas catas e intercambios, encuentra por fin a un productor de la región de Kagoshima, comprometido con una agricultura ecológica exigente, que trabaja a escala humana y cuida de forma especial cada cosecha.
Ahí nace la idea de Matcha Matcha:
Una marca accesible, sin concesiones en la calidad. Un Matcha Ceremonial Bio, fiel a lo que descubrió allí.
En febrero de 2023, la web abre sus puertas con un solo producto:
🟩 El Matcha Ceremonial Bio – 50 g
La promesa es clara:
Un matcha premium, accesible. Sin concesiones en la calidad.
Los primeros clientes quedan encantados. Comparten sus opiniones.
Alex lo lleva todo él mismo: los pedidos, los correos, la web, las fichas de producto.
Reinvierte cada euro en la producción.
La marca empieza a circular por Instagram, en las stories, en las rutinas de la mañana.
Se lanzan los primeros talleres gratuitos en línea: ¿cómo preparar bien tu matcha?
El boca a boca funciona.
Matcha Matcha no vende un producto.
Propone un momento para uno mismo. Un nuevo hábito.
En enero de 2024 llegan dos productos nuevos:
🟡 El chasen, batidor tradicional de bambú,
🟤 El chashaku, cuchara japonesa curvada para dosificar con precisión.
Alex pasa meses seleccionando artesanos fiables, probando la solidez del bambú y eligiendo un envase ecorresponsable.
La marca atrae ya a:
La web se enriquece con un blog con:
La comunidad Matcha Matcha crece.
Algunas clientas empiezan a hablar de "su momento matcha".
Unos sustituyen el café por completo.
Otros alternan, pero todos encuentran una energía más estable, menos agresiva y más duradera.
En el verano de 2024, Matcha Matcha da un nuevo paso: la apertura a la venta a profesionales.
Cada vez más cafeterías, salones de té, estudios de yoga o concept stores contactan con Alex para ofrecer Matcha Matcha a sus clientes.
También aquí la marca se mantiene fiel a su ADN:
Nada de venta masiva. Ninguna concesión en la ética.
Cada proyecto se selecciona a mano, según criterios sencillos:
Hoy, Matcha Matcha abastece a un puñado de establecimientos comprometidos, en Francia y en Europa, que comparten una misma visión:
ofrecer el matcha por lo que realmente es: una energía respetuosa.
En 2025, Matcha Matcha sigue siendo una marca joven.
Pero ha encontrado su sitio:
el de una referencia sencilla y fiable en un mundo demasiado rápido.
Alex rechaza las propuestas de reventa masiva a distribuidores poco transparentes.
Prefiere mantener el control sobre la calidad, la trazabilidad y los compromisos.
Mejora el envase:
Lanza un programa de recomendación y una newsletter con consejos concretos para vivir mejor, sin imposiciones.
Y sobre todo:
Sigue escuchando a sus clientes.
Cada comentario cuenta.
Cada opinión se lee.
Ante la creciente demanda, la gama de accesorios también va a ampliarse:
hay nuevos objetos de uso diario en desarrollo para acompañar el ritual del matcha en casa, siempre con la misma exigencia de calidad, sencillez y coherencia con los valores de la marca.
Matcha Matcha se convierte poco a poco en una marca de confianza, basada en la sencillez, la autenticidad y el respeto.
En tres años, la marca ha cambiado más rápido que su imagen.
El primer logotipo se hizo deprisa, en un momento en que la prioridad era tener una web que funcionara y pedidos que salieran.
Acabó por no parecerse a lo que Matcha Matcha se había convertido.
Alex reconstruye la identidad desde cero, con una exigencia práctica en mente: que funcione igual de bien en una bolsa de 50 g que en la fachada de un salón de té.
El nombre pasa a dos líneas, MATCHA arriba, matcha debajo.
A la derecha, un bol dibujado de un solo trazo, con una hoja dentro.
Se leen a la vez la preparación y el origen.
En cuanto al color, el verde claro pasa a ser el dominante, el del polvo recién tamizado.
Un verde profundo queda detrás, para el contraste y la legibilidad.
El blanco roto, el topo y el burdeos se reservan para los detalles, en pequeños toques.
El producto no cambia.
El mismo productor en Kagoshima, la misma cosecha, el mismo precio.
Son los envases, la web y las imágenes los que se ponen al día.