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El té verde suele destacarse por sus virtudes antioxidantes, pero también puede desempeñar un papel clave en la regulación de la presión arterial. Gracias a sus catequinas, su posible efecto vasodilatador y su acción diurética suave, puede contribuir a reducir la presión sanguínea y a proteger la salud cardiovascular. Descubra a continuación los mecanismos de acción del té verde, los estudios clínicos que lo respaldan y nuestros consejos para integrarlo de forma eficaz en su rutina.
Tiempo de lectura: 13 minutos
La hipertensión arterial se define como una presión sistólica ≥ 140 mmHg y/o diastólica ≥ 90 mmHg de media. Esta sobrecarga sobre las paredes arteriales acaba dañando los vasos, favoreciendo la aterosclerosis, los accidentes cerebrovasculares y la insuficiencia renal. A menudo es silenciosa, por lo que requiere seguimiento médico y medidas higiénico-dietéticas adaptadas.
Los antecedentes familiares influyen, pero la hipertensión se ve especialmente agravada por una dieta rica en sal, el exceso de peso, el tabaquismo, el sedentarismo y el estrés crónico. Una mala higiene de vida puede transformar una prehipertensión en una hipertensión establecida.
Con la edad, las arterias pierden elasticidad. En la mujer, la menopausia modifica el perfil hormonal, aumentando el riesgo. La diabetes y la hipercolesterolemia también son cofactores importantes.
Las catequinas, y en particular el EGCG, protegen el endotelio (revestimiento interno de los vasos) frente al estrés oxidativo. Favorecen la producción de óxido nítrico, un vasodilatador natural, y mejoran la circulación sanguínea.
Los flavonoides del té verde relajan el músculo liso de las arterias, permitiendo una dilatación de los vasos. Esta dilatación reduce la resistencia periférica y disminuye la presión.
Al limitar la oxidación del colesterol LDL, el té verde puede reducir la formación de placas de ateroma. Unos vasos más despejados ofrecen menos resistencia al flujo sanguíneo.
Su contenido moderado en cafeína actúa como un diurético leve, favoreciendo la eliminación del exceso de sal y agua, dos factores importantes de la hipertensión.
La inflamación crónica de las paredes arteriales contribuye a la hipertensión. Los polifenoles del té verde pueden modular citoquinas inflamatorias, mejorando la salud vascular.
| Infusión | Principio activo | Eficacia |
|---|---|---|
| Té verde | Catequinas, EGCG | Moderada a alta |
| Hibisco | Antocianinas | Alta |
| Rooibos | Polifenoles únicos | Baja a moderada |
| Té oolong | Teanina, flavonoides | Moderada |
Un metaanálisis mostró que el consumo diario de té verde durante 12 semanas reducía la presión sistólica en 3,3 mmHg y la diastólica en 2,1 mmHg en personas con hipertensión leve.
Beber más de tres tazas de té verde al día se asoció con una reducción del 26 % del riesgo de enfermedad cardiovascular. El efecto combinado sobre el colesterol y la presión arterial explicaba en parte este beneficio.
Estudios más recientes sugieren que el EGCG mejora la función endotelial en tan solo 4 semanas de consumo, lo que apunta a un impacto relativamente rápido en la salud vascular.
Para buscar un efecto hipotensor, apunte a 2 a 3 tazas al día, repartidas entre la mañana y la tarde. Evítelo después de las 16:00 si es sensible a la cafeína.
Infusione 2 g de té (1 cucharadita) en 200 ml de agua a 75–80 °C durante 3 minutos. Esta temperatura preserva las catequinas y evita el amargor.
Consulte con su médico antes de aumentar su consumo si toma antihipertensivos. El té verde no sustituye un tratamiento médico y debe integrarse en un enfoque global que incluya una dieta saludable, actividad física y gestión del estrés.
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